Thought Mantique: Mi gato se rompe por las noches

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Mi gato se rompe por las noches

     Mi gato se rompe por las noches. Es algo repentino, inaudito para quien no acostumbre pasar las últimas horas del día con él. 
     Suele empezar cerca de la hora de cenar, cuando la noche cubre el cielo sin importar la posición de la Tierra al orbitar el Sol, y cuando las estrellas titilan en el cielo, de las cuales algunas sólo mantienen ese brillo en la distancia tras el fin de sus días. A esas horas las paredes se impregnan del tecleo incesante con olor a insomnio, y los cristales reverberan el dulce aroma de la cena en preparación. No hay voces, no hay palabras, pero en la atmósfera flota la certeza de un día más, una raya más en el calendario.

   Mi gato se rompe por las noches. Primero, desaparece de la sala. Marcha de la estancia a esconderse en alguna de las habitaciones entre sombras. Desaparece hasta que los sonidos de la cocina y el ordenador se funden en una cacofonía casi armoniosa. Casi. 
     Es entonces que, desde alguno de sus innumerables escondrijos, surge su maullido desgarrador. Nos miramos y en silencio nos repetimos «Ya empieza otra vez». Sus gritos guturales destrozan el hábito silencioso que hace de su hogar las noches de cada día. De las sombras se arrastra su monosilábico lamento, que nos cala hasta los huesos chorreando su helada melancolía. 
    Es ahora él quien protagoniza la melodía de la casa, quien con sus sollozos suplanta nuestros ruidos cotidianos por un sentimiento profundo y primario. Maúlla y grita desde la oscuridad, donde nadie le ve sumirse en su agonía. 
     Le llamo. Clamo su nombre y le incito a venir. Le pregunto si está bien desde mi confortable asiento, levantando la vista de la pantalla del ordenador. Y él me oye, eso lo sé. Sus gritos se calman y desaparecen repentinamente. Oigo su collar tintinear mientras camina silenciosamente, con aquella sinuosidad tan felina. Su rostro redondeado aparece por el resquicio de la puerta, y con sus ojos verdes y pupilas dilatas me escruta. No hay rastro de aflicción en su cuerpo pequeño. 
     Yo sonrío. Me alegra verle tranquilo. Le llamo de nuevo y responde ante su nombre arqueando la cola y soltando un único ronroneo. Alarga sus patas y camina lentamente sin perderme de vista, con esas pupilas tan profundas. Trepa por las sillas hasta abrirse camino a mi regazo, donde se recuesta y retuerce su pequeña cabeza entre mis manos. Y yo no puedo negarle ese cariño. Le acomodo y le otorgo unos segundos, unos minutos sólo para él y para mí.

     Por las noches mi gato llora. No sé si es por su familia perdida, no sé si es por encontrarse en una casa en la que no creció, tampoco sé si es por no haber salido a retozar entre el césped helado. Sólo sé que sus lastimeros maullidos reverberan por la casa, y sólo sé que unas caricias y llamarle son la única cura. 

     Mi gato se rompe por las noches, y ojalá yo pudiera romperme con la misma soltura con la que lo hace él.

2 comentarios :

  1. Me gustó mucho, y da que pensar... Animalito, ¿por qué cada noche se rompe?

    Espero leer más cosas tuyas pronto^^ ¡Un beso!

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    1. Ay, me alegra que te haya gustado a pesar de ser algo tan estrafalario... Quién sabe que le pasará, pero cada día a su hora, él se rompe como yo desearía hacer.

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