Thought Mantique: Ejercicio de escritura 2: Normas sociales y roles

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Ejercicio de escritura 2: Normas sociales y roles

23.30 Arribo al pub. La música atronadora parece golpear la puerta por dentro. Sólo a los tontos se nos ocurre ir a sitios así para hablar de la vida y la existencia y esas cosas que nos preocupan en la madrugada. 

23.31 «Consumición mínima» reza un cartel en la puerta. Huele a incienso. Camino por entre las telas vaporosas que cuelgan del techo y las lucecitas de la tienda «Natura» o de «Ikea». Pienso en lo caras que son, lo bonitas que son, y lo que me gusta gastar el dinero en cosas bonitas que al fin y al cabo no sirven más que para eso: hacer bonito.

23:50 Casi golpeo a la camarera con la cabeza cuando se ha inclinado hacia mí para ver que quería. He tenido que ir hasta la barra pues tras diez minutos esperando sentada veía a la camarera dirigirme miradas de reproche desde su posición tras la barra. Un cartel que indique que no hay servicio de mesas sería de agradecer más que una mirada silenciosa. 

00:00 He esperado diez minutos mientras intentaba concentrarme en la diminuta carta con decenas de cócteles de nombres variopintos. Finalmente me decido.

00:10 Por tardar en decidirme la camarera ha atendido antes a otras personas, por lo que ahora he de esperarme hasta que termine.

00:12 Me siento ganadora al obtener mi bebida, pero no tanto al tener que pagar ocho euros por ella. Ni siquiera lleva alcohol. 

1:00 Intento entablar conversación con mi acompañante, pero desistimos al tener que repetir constantemente las frases. A pesar del griterío que bien podría haberse considerado de mala educación en la vida diurna las mesas colindantes a la nuestra no parecen siquiera percatarse. 

1:10 Miramos con disimulo hacia el centro de la pista. Una aglomeración de chicas se mueve con lo que a ellas les parecen pasos de baile y a nosotros espasmos de borrachera. En una esquina una pareja baila tan pegados que parecieran estar realizando otro tipo de acto que no sea el de moverse con la música. Aparto la mirada sintiendo vergüenza ajena. Será que bajo las luces uno no responde de sus actos, sólo los realiza.

1:30 Un hombre se ha acercado a una mujer que se encontraba en la barra. Le ha gritado – es imposible susurrar con este volumen de música y pretender que te escuchen – al oído algo y ella ha levantado la mano, enseñándole un anillo brillante en la mano. Él se ha separado de ella como si se quemara. Qué peligrosa, la joyería. 

1:45 El mismo hombre se ha acercado a otra mujer en la barra. Parece que le ha invitado a una copa y ella ha aceptado. Él ríe. Ella ríe. Me pregunto si realmente están teniendo una conversación de verdad o cada uno dirá lo que le venga en gana, total, no se les escuchará. 

2:10 Un grupo de jóvenes comienza a saltar cuando suena una canción que al parecer conocen. Uno de ellos le ha dado un codazo a una mujer menuda que se encontraba a su lado. Ésta se ha desplomado en el suelo con el arte de un jugador de fútbol. Al instante, su acompañante, un moreno fornido de cabeza rapada ha salido en su ayuda. Ella le ha señalado a la manada que aún saltaba sin darse cuenta de nada de lo que les rodeaba.

2:11 El caballero de cabeza rapada ha empujado al chico del codazo en un ardid para recuperar el honor de la mozalbeta que se aferraba a su brazo. El chico se ha girado y, enardecido por el alcohol que le entorpecía el juicio, envalentonándolo, le devolvió el violento saludo. Sus amigos se han dado cuenta y se han colocado en posición ofensiva alrededor del hombre, de cuyo brazo aún pendía la mujer. 

2:12 A punto de pelearse, el resto de asiduos a la pista se ha separado y les ha rodeado mirándolos con reprobación. No ha tardado en aparecer un hombre que más que hombre parecía un armario y ha invitado cordialmente a ambos a abandonar el sitio. Tras declinar su propuesta les ha cogido por los brazos y a empujones les ha sacado del local. 

2:50 El local está a reventar, y de los lavabos ya ni hablamos. En un cuarto de hora se me han acercado dos personas que, con las preguntas más poco inverosímiles, han intentado establecer algún tipo de contacto conmigo. Un tercero se acercó ofreciéndome pagarme una bebida. Al rechazarle se ha enfadado. 

3:50 Los empujones ya son excesivos, nadie parece ser consciente de que su cuerpo se limita a la superficie de su piel y no se expande cuando golpea a alguien con algún apéndice de su cuerpo. Decidimos marcharnos a casa. 

3:55 En el aparcamiento observamos a un grupo de chicos orinar en alguna especie de concurso sobre el poderío de su potencia de disparo. Unas mujeres, al pasar a su lado, apartan la mirada y aceleran el paso. 


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